| Armada |
|
BREVE HISTORIA DE LA ARMADA ESPAÑOLAEspaña, país marino por excelencia, ha descubierto dos continentes y conquistado sus océanos. Desde los tiempos medievales hasta los actuales, desde las pequeñas naves costeras visigodas hasta la actual flota, nuestra Armada ha escrito algunas de las más bellas y arriesgadas páginas de la historia luciendo el pabellón rojo y gualda (sangre y oro), que en tiempos de Carlos III fue designada como bandera de la Armada y más tarde seria nuestra enseña nacional. La unión matrimonial de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla provoca la unificación de la mayor parte de la península Ibérica, pendiente de la expulsión musulmana queda el Reino de Granada que cae en 1492. Hasta entonces solo había sido el reino de Aragón el que había poseído una importante armada debido a su proyección mediterránea durante la Edad Media, poseyendo el reino de Nápoles y Sicilia. Castilla al poseer solo un trozo de la franja atlántica evito aventuras marineras, era "Finis terrae." Precisamente el único espacio de la península que no esta bajo el control de los reyes de España era el aventuro y comercial reino de Portugal, que tenia la más potente marina de guerra y mercante de la época. El genovés Cristóbal Colón pide en 1492 a los Reyes Católicos una escuadra con la que navegar hacia las Indias, para encontrar otra ruta por occidente y expandir por allí a Castilla y a España. De la noche a la mañana el recién formado estado de España era dueño de todo un continente e inmediatamente comenzó la construcción de naves de altura con las que se inició la rápida colonización del continente americano. El siglo XVI es el siglo de la talasocracia española, de la hegemonía naval que se une a la hegemonía militar que en tierra consiguieron los Tercios españoles. El 7 de octubre de 1571 tiene lugar la batalla de Lepanto, una batalla naval que resultó decisiva en la Historia, ya que el triunfo de la coalición cristiana liderada por España bajo el mando de don Juan de Austria, hermano del rey Felipe II de España, frenó el avance turco que amenazaba Italia. Lepanto es una de esas pocas batallas de la Historia en la que hay que hablar de un "antes" y un "después". Después de Lepanto el poderoso imperio turco, conquistador de Constantinopla, quedará frenado en seco: Europa no será musulmana, sino cristiana. Aquella fue una batalla de galeras en la que la suerte la decidió la infantería naval española, la primera infantería de marina de la Historia que reeditó la táctica romana de abordar al enemigo con infantes convirtiendo las batallas navales en batallas terrestres. Desde 1.492, fecha del Descubrimiento de América, a 1.898, en que perdimos los últimos restos, el Imperio español se extendió por todo el mundo. Un imperio que abarcaba territorios en los cinco continentes, desde España, el sur de Italia, los Países Bajos, el Franco Condado, el Milanesado, las costas africanas e hindúes, Filipinas y América. Lo habitual era el agrupamiento en convoyes o flotas de mercantes protegidas por galeones, debió a la patente de corso entregada los piratas que financiaban a la corona inglesa asaltando nuestras naves. Hasta tal punto llegó la desvergonzada piratería inglesa que Felipe II, harto ya de aquella situación infame, proyectó la invasión de Inglaterra construyendo la mayor armada jamás vista hasta entonces. La armada española debía llegar a los puertos holandeses, entonces posesión española, y embarcar allí a los Tercios que habrían de desembarcar en Inglaterra. Pero era una armada, mal mandada, el mal mando provocó graves errores y para apuntillarla sobrevino un gigantesco temporal que la desmanteló casi por completo. Miles de marinos e infantes españoles murieron ahogados en sus naves o linchados en las playas británicas tras conseguir llegar a tierra extenuados. Los ingleses la llamaron irónicamente "la armada invencible". España quedó completamente arruinada por la aventura y sin armada, y los ingleses aprovecharán la ocasión para atizar el fuego en los Países Bajos que se sublevaron contra la Corona Española, un fuego que terminó por reventar la economía hundiendo a todo el país en la quiebra de dineros y de ilusiones. Los reinados de los llamados "Austrias menores" Felipe III, Felipe IV y Carlos II hasta 1700 certifican el deterioro de la situación española que pierde los Países Bajos. La muerte de Carlos II en 1700 sin descendencia provocará una guerra entre Francia y Austria en la que cada uno intentará imponer a su candidato al trono y en medio de la cual se meterán los piratas ingleses a sacar tajada de la moribunda España. Al final será el francés Felipe V, quien ocupará la Corona española. Pero el tratado de Utrecht certificará la pérdida de poder de España en Europa. España perderá todas sus posesiones europeas y encima deberá ceder a los ingleses los territorios españoles de la isla de Menorca y el peñón de Gibraltar. España, casi sin armada, está a merced de estos piratas. Felipe V, un magnífico rey de España, se puso inmediatamente manos a la obra para arreglar lo que sus antecesores habían llevado al caos, iniciando una serie de reformas administrativas, políticas, económicas y militares que redundarán en beneficio de España. Entre ellas, la reconstrucción de la Armada española, llamada la Real Armada, a partir de 1714, paso fundamental para rescatar a Menorca y Gibraltar de manos inglesas. En 1714 La Armada española tiene 14 naves, en 1755 cuenta ya con 42 navíos y 28 fragatas. Una nueva y poderosa Armada que surge del empeño de Felipe V y de sus sucesores y que con Carlos III, llegó a ser la tercera del Mundo sólo tras la inglesa y la francesa y consigue en 1744 vencer en solitario a la escuadra inglesa en Tolón, a pesar de haber sido abandonada por nuestros aliados franceses. Carlos III reformará el ejército para profesionalizarlo, introduciendo ordenanzas de las que se derivan las actuales y creando unidades de elite. Con estas unidades, los nuevos regimientos, y con el impulso dado a la Armada española, conseguirá recuperar la isla Menorca reconquistándosela a los ingleses en una brillante campaña que devuelve a España al concierto militar europeo de manera brillante y audaz. En 1790 España cuenta ya con 117 naves de guerra de muy buen diseño y construcción y tripulados por expertos marinos perfectamente adiestrados que habían rechazado victoriosamente los asaltos de la marina inglesa a Cartagena, Cádiz, Tenerife, Puerto Rico y Galicia. Pero toda esa obra ingente se derrumbará durante el reinado de su hijo Carlos IV. Mientras este rey se dedicaba a sus obligaciones cortesanas la Armada española sería derrotada por Inglaterra en la batalla del Cabo San Vicente. Ademas, la reina se encaprichó de un joven llamado Godoy al que convirtió en su "favorito". Godoy, fascinado por Napoleón, se embarcó en la aventura militar del corso poniendo la Armada española a disposición del francés. Esa Armada que tanto esfuerzo había necesitado para llegar a a ser lo que era, que había devuelto la supremacía naval española a nuestras aguas, manteniendo seguras las comunicaciones con América. Esa Armada que era el puntal de la recuperación de Gibraltar era ahora puesta en manos de un almirante francés, Villeneuve. Y entonces apareció Nelson, pero ahora el mando no era español, sino francés, que aun tenía una escuadra muy superior a la inglesa, se dejó atrapar en una trampa que destruyó para siempre las aspiraciones españolas. En Trafalgar la armada franco-española fue borrada de la superficie del mar. Hundida con ella nuestro sueño de recuperar Gibraltar. Tras la Guerra de la Independencia en la que España consiguió echar al invasor francés, España no tiene armada, lo que será clave para la independencia de la América española. Los gobiernos que se sucederán, los gobiernos Fernando VII e Isabel II, dejan un panorama desolador en cuanto a nuestra armada se refiere. Sin embargo, la luz llega cuando se inicia un programa de nuevas construcciones cuya pieza fundamental es la fragata acorazada Numancia, una de las unidades más poderosas del mundo y que será el primer acorazado que dé la vuelta al Mundo y que entre en combate en la guerra del Pacífico bombardeando El Callao. Aquella formidable escuadra de naves acorazadas devuelve a la Armada española un papel relevante, de nuevo. Pero estamos a punto de entrar en una nueva era negra para la historia de nuestra Armada. La falta de previsión hará que los distintos gobiernos se vayan turnando en el poder sin tomar decisiones para renovar las naves que poco a poco van quedando obsoletas. Las teorías de la Jeune Ecole francesa, esas absurdas teorías que preconizaban el uso masivo de los torpederos y cruceros y la "inutilidad" de los acorazados, calan hondo en nuestros políticos porque es una solución barata. Pero lo que España necesita defender es Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los únicos restos del imperio y que se encuentran al otro lado del Mundo. España encara el final del siglo XIX con un sólo acorazado, el Pelayo, sin ningún crucero acorazado y con varios cruceros de madera todavia. Esta increíble falta de previsión, esta irresponsabilidad criminal que deja a las posesiones de España en Ultramar completamente indefensas es la causa de que Estado Unidos se fije en lo fácil que le resultaría hacerse con un imperio robándole a España los restos del suyo. Cosa que hace en 1898. Los cruceros acorazados estadounidenses destruirán la pobre Armada española que ni siquiera puede defenderse. Es una matanza en regla. Una auténtica ejecución. Tras la catástrofe España queda, una vez más sin armada, salvo unas pocas naves. Sucesivos planes navales la reconstruirán con buen planteamiento, como la decisión de construir los tres acorazados tipo Dreadnought de la clase España. En 1925 España protagoniza el primer desembarco aeronaval de la Historia en la bahía de Alhucemas. La escuadra española conseguirá desembarcar a las tropas de infantería protegidas por los hidroaviones del primer Dédalo. Todo un éxito cuyo resultado es el final de la guerra en Marruecos que se decide con la aplastante victoria conseguida. Nuevos planes de potenciación de nuestra Armada se van sucediendo para dotar a España de una armada comparable a la italiana con el proyecto de acorazados y cruceros de batalla e incluso de portaaviones. Mientras tanto, se crean las nuevas flotillas de modernos destructores y submarinos. Todo avanza a buen ritmo, pero de nuevo soplan malos vientos. La situación política española se encamina hacia la tragedia. La monarquía, incapaz de dar soluciones a los problemas endémicos del país cae en 1931 y se proclama una II República que pronto quedará en manos de los radicales. Y así, con España dividida en dos bandos irreconciliables se inicia en 1936 la Guerra Civil que durará hasta 1939, dejará casi un millón de muertos y otro tanto de exiliados, el país completamente arruinado por la carnicería y la Armada destrozada, esa armada que tan trabajosamente se estaba reconstruyendo. Desde el final de la II Guerra Mundial hasta principios de los años 50 gracias a la presión de la URSS, España será un país dado de lado por la comunidad internacional, a excepción de Argentina. Pero la Guerra Fría convertirá a España en un país necesario para la estrategia norteamericana debido a nuestra privilegiada situación geográfica. Así, los que antes nos negaban el saludo ahora nos llamaban "aliados" y la Armada española, que en 1950 no tenía ni radares, se verá beneficiada por una serie de acuerdos por los que EEUU nos venderá a precio de oro unidades próximas al desguace y a las que a base de tesón e imaginación conseguiremos convertir en unidades altamente operativas, como por ejemplo el portaaviones ligero Cabot que se convertirá en nuestro segundo Dédalo, el primer portaaeronaves desde el que operarán los aviones de despegue vertical Harrier, una idea que rápidamente copiarán británicos y norteamericanos... y es que a falta de recursos aquí sobraba inventiva e imaginación. La recuperación económica de España en los últimos años ha propiciado que los nuevos programas navales devuelvan a España a las posiciones de cabeza de las marinas mundiales. En estos momentos, la Armada española está en el privilegiado y exclusivo grupo de las siete únicas armadas del mundo capaces de proyectar su poder aeronaval en cualquier parte del mundo, con un potencial basado en las nuevas escuadras de fragatas, corbetas y submarinos, y en nuestros puntales operativos, un grupo de combate compuesta, entre otros por el portaaviones Príncipe de Asturias y un magnifico grupo anfibio. La misión de nuestra Armada, encuadrada en las unidades operativas de la OTAN, es proteger nuestras aguas territoriales, nuestro comercio marino y, por encima de todo, nuestros territorios alejados de la Península que son los archipiélagos Balear y Canario y las ciudades de Ceuta y Melilla. Un reto para el que esta nueva Armada, moderna y poderosa, está capacitada. Texto extractado de “Acero y Vapor.Breve historia de la Armada Española” |

Congregación 

