MENA EN EL PREGÓN OFICIAL DE LA SEMANA SANTA DE MÁLAGA
Pregón de José Utrera Molina (1957)
El dolor de la liturgia se aminora porque consuela la alegría de saber que, a pesar de su muerte cercana, Cristo se quedará para siempre entre nosotros. Avanza y se aproxima el Jueves Santo, día solemne lleno de la majestad del dolor, reencuentro de la humanidad entera con Jesucristo. Málaga se enfrenta sublimada, encendida, con el misterio de la Redención desbordando para ello el genio de su arte y su belleza. Málaga se pone en pie y contempla con el alma estremecida el drama del calvario, sintiendo como suyo el dolor religioso de estas tristes jornadas evocadoras. No hay lírica mentirosa y barroca en la exaltación del fervor de nuestro pueblo. Hay una viva emoción teológica ante la presencia en las calles de las imágenes, ante el realismo dramático de los Cristos, ante el dolor y la amargura de las Vírgenes sollozantes. Anochecido, sale de su templo el Cristo de los legionarios y sentimos al verlo el sudor de sus sienes, viendo en sus ojos, en su boca, en sus pómulos febriles el ansia y el esfuerzo por fijarse en todos los infortunios. Entre las sombras de la noche todos miran a Cristo, rezan ante la dramática expresión de su agonía. Agonía de hombre que padece la angustia de todas las muertes, todos al mirarle sufren con él, adivinando la fiebre que le hunde en el cuerpo las uñas de la fe, el vibrante escozor de la garra ardiente de las manos, el dolor de las arterias que ayer llevaban las dulzuras de la vida y hoy se convierten en dogales aprisionantes, ante trance supremo se pasar la soledad humana de la muerte. Al contemplarlo parece que nos habla queriéndonos decir que sólo saber vivir quien bien se muere. Entre una larga fila de enlutados penitentes, altos capirotes, hachones encendidos en la noche, el Cristo de la Buena Muerte camina, doblada la cabeza, lleno el rostro de paz, la desazón partida, vencedor por amor de la muerte, dulce muerte que ya no tiene el signo trágico de una guadaña ensangrentada por emblema, sino expresión de paz y reposo infinito. Tosas las miradas se concentran en el negro clavel de sus heridas, marchan atrás los soldados del Tercio legionario, lento y firme andar tras de su himno que es, sin duda, la marcha nupcial del legionario cuando quiere desposarse con la muerte. Avanzan con los rostros erguidos, alta la frente, dura la mirada, embriagados de banderas y de gloria. Ya entra la procesión por la calle de Larios y un escalofrío de emoción traspasa el alma, dulcemente mecido camina el Cristo ente banderas, guiones y estandartes, entre hombres rudos amigos del amor y de la muerte, entre un estruendo de tambores se escucha la romántica canción del legionario y entre músicas, plegarias y silencios, parece como si la muerte, por el borde de Dios fuera cantando.
Pregón de José Utrera Molina(1957)
Pregón de José Luis Moris Marrodán (1958)
Y es por ello que la Semana Santa malagueña no se vé, se contempla. Contemplar no es ver; se vé por los sentidos, pero solo contempla el alma. Y esto lo sentiréis vosotros mismos, unos días después, adentrados en Málaga, en su dolor y en la Pasión que representa. Os llevaré a ver el Cristo de la Buena Muerte, y no lo veréis, le contemplaréis. Y eso desde muy cerca, debajo de su trono. Le seguiremos hasta que el mayordomo ordene un descanso y estaremos junto a Él, abajo. Cara a cara con Dios y con su Muerte. Y con Málaga que lo lleva despacio, como si quisiera que no se venza su cuerpo inerte, que no sufra más su carne. Con los ojos veréis un crucificado pero yo sé que con el alma y en seguida, porque esos días parece situada detrás de la retina, comprenderéis bien claro como es una Buena Muerte, comprenderéis como puede sentir un pueblo y cómo perdura el amor… Y muchas cosas que no me diríais y que yo no dije nunca, pero siempre he sabido que me las enseñó Málaga, esa Málaga detonante de la alegría que más allá tiene un fondo profundo.
Pregón de Francisco Carrillo Rubio (1961)
Y como la muerte de Cristo no es una muerte cualquiera, ni tan sólo una buena muerte, sino la Buena Muerte por excelencia, su cofradía pasará por Málaga para decirnos que, con el vivir cristiano de cada día a imitación del Salvador, encontraremos la buena muerte que es comienzo de vida nueva e inmortal.
Pregón de José María Eguaras e Iriarte (1962)
El Cristo de la Buena Muerte, lleno de gravedad y reposo, con su cabeza tronchada como un lirio sobre el cuerpo, como quien acaba de dejar su espíritu en las manos del Padre…
Pregón de José María Souvirón Huelin (1970)
Ese mismo día sale una de las más bellas figuras realizadas por hombres para representar a Jesús, el Cristo de la Buena Muerte, antaño de Pedro de Mena; ogaño, en fiel reproducción de la otra imagen destrozada, una escultura del malagueño Palma. Ante el espectáculo se sobrecoge el ánimo viéndole muerto, adherido a la cruz, y se viene a las mientes el precioso soneto de Lope de Vega:
Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño. Tú que hicistes callado de ese leño en qué tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos mi fe piadosos pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, pastor que por amores mueres, no te estampes el rigor de mis pecados pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados. Pero, ¿cómo te digo que me esperas, si estás, para esperar, los pies clavados?
Pregón de Andrés Oliva García (1971)
También quiero llevaros a que veáis al Cristo que fuera de Mena y hoy de Paco Palma. El sentido trágico de la muerte, tan arraigado en el alma española, adquiere una serenidad cristiana ante el paso del Cristo de la Buena Muerte. Impresionante en su cortejo; escalofríos recorren mi carne al adivinar en la penumbra de la noche al Cristo, entre cuatro cirios, avanzando, muriendo en todos los rincones, salvando a todos los hogares, escoltados por legionarios valientes, con los rostros curtidos y el corazón descubierto, mecido dulcemente al son cornetas y tambores que entonan el Novio de la Muerte. El paso del Cristo, como diría un ilustre periodista, arrebata y electriza, porque los humildes se sienten cerca de Cristo, los poderosos se humillan, los tímidos se hacen gallardos, y los valientes inclinan las cabezas ante el desfile magistral y sobrenatural de la Buena Muerte.
Pregón de Cayetano Utrera Ravassa (1972)
Tambores de muerte bajan por la Alameda. Rostros curtidos al aire y al sol. Estandartes rasgados en mil batallas. Trompetas que entonan canciones de guerra. Y allí, al fondo, por el puente, un Cristo sereno, con paso corto: ¡Cristo de la Buena Muerte! ¿Sabes que en las tierras calientes africanas, al toque de oración, los legionarios con sus banderas, ante el Cristo rinden honor a sus muertos? Es, por eso, el Cristo legionario. La Virgen, se consuela en su Soledad porque sabe que, cuando alguno de sus hijos “riegue con su sangre ardiente la tierra ardiente”, allí estará el Cristo con su bendición. ¿Sabes cuál es ese himno que tocan, que en su dramatismo adquiere tonos suaves para mecer el paso del Señor? El Tercio no podía tener otro protector, ni el Cristo otro acompañamiento, que el grito desgarrado de aquel hombre a quien la suerte hirió: el “Novio de la Muerte”.
Pregón de Jesús Saborido Sánchez (1978)
Ya ha muerto Cristo. Yace ya colgado del madero. Pero antes de descenderlo, es necesario que lo veamos bien, para que también de ese momento sigamos aprendiendo. Porque también hay que saber morir, como murió el Redentor. Y una cofradía nos enseña su Buena Muerte, llena de paz y tranquilidad por haberlo dado todo, todo lo máximo, sin guardar ni escamotear nada. Y no podemos suprimir, cada año, que el temblor sacuda nuestros cuerpos cuando pasa ante nosotros el Cristo de la Buena Muerte, con la solemnidad inaudita del “paso” que le marcan sus cofrades portadores, al son del himno que les acompaña.
Pregón de Manuel Alcántara (1984)
Al Cristo de la Buena Muerte le he dicho alguna vez, porque lo tengo en mi corazón y en la cabecera de mi cama, que no quiero pedirle cosas para el trayecto sino para el final. No se trata del camino sino de la llegada. Bien está lo que bien termina. Al Cristo de la Buena Muerte le he dicho alguna vez que debería hacerme ese último favor y se lo voy a volver a decir dentro de quince días, cuando lo vea hecho un Cristo por la calle Larios. Al Cristo de la Buena Muerte, que cuando dio las tres voces las oyeron en Santo Domingo, en las tinieblas y en La Legión, se lo estoy pidiendo ahora, que lo tengo a mi lado.
Pregón de Federico Fernández Basurte (1999)
Desde Santo Domingo y con las últimas luces, veremos llegar al Cristo de Mena. Quiero, Señor de la Buena Muerte, poner a tus pies, como Magdalena, mi pobreza y mi corazón convertido y enamorado, y, con esta mujer valiente, adorar, de rodillas, tu cuerpo maltratado. Detrás vendrá la Estrella de los mares, distinguida joya en el estuche de su palio ochavado; discreta Señora, tocada por la espuma que cae con elegante descuido sobre la negra noche que cubre su espalda. ¡Oh fénix de hermosura! Capitana del navío de los que aman salvarse, condúcenos hasta el puerto seguro donde se remansan las aguas de la vida y déjanos serenarnos en el mar en calma de tu mirada.
Pregón de Jesús Castellanos Guerrero (2000)
Salgamos a su encuentro, que ya se acerca por la Alameda y allí, en medio de su centenaria arboleda, contemplaremos el árbol frondoso donde viene clavada la salvación del mundo esa que nos permite exclamar, a pesar de tan horrible tormento, que ahí está la Buena Muerte de Jesús. Leyendas y tradiciones seculares que nos invitan, rememorando viejos tiempos y antiguas estampas, a buscar en medio de la incertidumbre y de la oscuridad la luz de esa torre-camarín desde donde la Soledad se convierte en la Estrella de los Mares.
Pregón de Enrique Romero Fernández (2001)
…Después aguardábamos impacientes la llegada de su madre, sumida en la Soledad. ¡Qué gran trono le hemos puesto los malagueños a la madre de Dios! Pero tampoco comprendía porque la llamaban así, Virgen de la Soledad, si ella nunca iba sola, si Málaga nunca la iba a dejar sola, si los malagueños siempre la acompañamos, y siempre la esperamos… La verdad os hará libres… Y allí te esperamos siempre, sonidos marciales llevan tu efigie grabada a fuego. El protagonista eres Tú, por más que los puntos de mira quieran distraer nuestros ojos. Reclamo tu protagonismo Señor de la Buena Muerte que cortas el cielo malagueño con el barro de mi tierra que moldeó tu pecho. Tú eres el eje de nuestras pasiones… Cuatro blandones iluminan tu cuerpo que se mece en lo más alto de la cúspide del dolor para perdonar a una Málaga que nunca quiere apartar su mirada de las esquinas que percuten tu sien ensangrentada como la carne calada por la bayoneta.
Pregón de Celia Villalobos Talero (2002)
Es privilegio de todos los pregoneros cantar de forma especial a su cofradía y, desde luego, no voy a perder esta ocasión única que se me ofrece. Sabéis que pertenezco a la Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad, la cofradía de Mena, que así, con el nombre del escultor que hiciera la primitiva imagen, está en el corazón de todos nosotros. Hace un año tuve el honor de pasar revista a los caballeros legionarios que vienen acompañando a su Cristo desde los años veinte. Esos caballeros que sostienen su cruz, que le hacen guardia y a los que he visto llorar tantas veces. Me siento orgullosa de ser hermana de esta cofradía, señera en Málaga y cargada de historia. La muerte en este crucificado admirable, en el que Paco Palma reflejó, desde su originalidad personal, la leyenda viva que fue el anterior, es la muerte de la dignidad y de la paz. No puedo evitar el escalofrío cuando te miro; no puedo evitar que la memoria de mi vida se haga presente cada Jueves Santo. Pero tampoco puedo evitar una ternura que me llena ante la belleza contenida, la elegancia sublime de la Virgen de la Soledad. Siempre me ha llamado la atención que su figura tan sencilla no se pierda en el magnífico trono y entre los extraordinarios bordados; no sólo no se pierde, sino que lo llena, que se derrama en amores, mientras que la marina le da escolta. Una de las grandes alegrías para la pregonera es poder proclamarse de Mena, ¡De mi Cristo de la Buena Muerte y de mi Virgen de la Soledad!
Pregón de Bernardo María Pinazo Osuna (2003)
Y Jesús murió en la cumbre de Santo Domingo; sobre un cielo de tormenta, borrascoso, recortábanse con perfiles nítidos, con fuerza de muerte las tres cruces. Para hacer guardia al cuerpo de Cristo: María de Magdala primero, después el Tercio. Caballeros legionarios y nazarenos en la Congregación de Mena están indisolublemente unidos y Málaga con ellos, a que sí Pedro Luis Gómez, por este Jueves Santo, para nosotros también será Sábado Legionario. Si el Santísimo Cristo de la Buena Muerte acudió a puerto hace unos años, no puedo explicarme ahora, cómo no se permita que en otra circunstancia excepcional, setenta y cinco años de vinculación, igual Decreto no se tome. La Jerarquía debe saber que a los cofrades nos gusta que la vida sea como los tronos que van al paso, sin dar bandazos, Cristo murió igual para todos y de todos para siempre. Que los cuatro blandones nunca se apaguen, que sirvan de faro a la Estrella de los Mares, que para los cofrades es la elegancia personificada, para la Armada, Virgen de la Soledad, eres la Señora y para los legionarios la Madre del Novio de la Muerte.
Pregón de Alejo García (2004)
La noche del 29 de Enero de 1992 mi madre estaba al borde de la muerte y tuve dudas de si estaba consciente todavía cuando llegué de la radio. Entonces mantuve con ella esta conversación que, como comprenderán ustedes, no he olvidado ni olvidaré jamás: ¿De dónde eres? De Alhaurín el Grande, como tú. Estábamos en mi casa de Madrid y le pregunté: ¿En Málaga a qué iglesia ibas tú a misa? A Santo Domingo. ¿Y recuerdas la primera capilla que hay al entrar a mano derecha? El Cristo de Mena. ¿Cómo se llama también ese Cristo? El Cristo de La Legión. Mi madre estaba lúcida y estaba respondiendo perfectamente. Le hice la última pregunta de su vida: ¿El Cristo de Mena y el Cristo de la Legión como se llama también? El Cristo de la Buena Muerte, me contestó. Pues vamos a rezarle un Padrenuestro los dos a ese Cristo para que te dé a ti una Buena Muerte. Rezamos juntos despacito y a la hora y media murió. Aunque solo me hubiese servido para eso, para decirle a mi madre que se moría, doy por bien empleadas todas las Semana Santa de mi vida. Sobre todo aquel Jueves Santo de 1978 en el que en un balcón del Pasillo de Santo Domingo pasó esto: Tercer diario hablado de Radio Nacional de España. Les habla Alejo García. Son las ocho de la tarde y el Cristo de la Buena Muerte acaba de salir de su templo acompañado de caballeros legionarios. Escuchemos el comentario de Manuel Alcántara: (...) Eran los años difíciles de la transición en los que no se sabía el rumbo que iban a tomar muchas cosas. Pero ahí estábamos, diciendo a España y al mundo que el Cristo de Mena estaba en la calle y La Legión seguía cantando a voz en grito "si algún día Dios te llama, para mi un puesto reclama, que a ocuparlo pronto iré." Detrás va la Soledad marinera de la toca blanca y las manos juntas. Para Ella, toda la noche, las olas incansables repiten el mismo piropo: Salve Estrella de los Mares. María, buena travesía a todos los navegantes y procura que no se hunda ni una sola patera.
Pregón de Manuel Molina Gálvez (2005)
‹‹Jueves de Mena con la mejor muerte posible, en la más profunda soledad dominica. Noche de roncos sonidos de cantos guerreros en pos de un Cristo protector ya muerto. Pañuelo blanco alrededor del rostro de una Madre, que es la mejor de las coronas. Y Málaga, que está en la calle, murmurando y diciendo: que vienen, que ya vienen... los caballeros legionarios. Murmullos de pasión... que sólo apagan los cánticos de unos marinos nazarenos que escoltan a la más hermosa de las soledades››.
Pregón de Rodrigo Martín Martín-Estévez (2006)
Jesucristo lo padeció todo, desde el corporal sufrimiento del martirio, hasta el otro enorme dolor de verse abandonado por casi todos los suyos, sin embargo, le llamamos Señor de la Buena Muerte. Murió en la cruz en medio de burlas, bebiendo hiel y vinagre y rematado por una lanza, y sin embargo, todos le seguimos llamando Cristo de la Buena Muerte. Ese llamarle así, es nuestra mejor oración, porque sale de lo más profundo de nuestro ser en forma de íntimo y verdadero deseo, que se tiene que traducir en no tener nunca miedo cuando hablemos de Él, en no escondernos, ni bajar la cabeza cuando nos señalen y nos digan: Este es uno de ellos, por tanto, 58 crucificado de Santo Domingo, ayúdanos a que llevemos con orgullo ese poder ser tuyo llamándonos cofrades, y de esta forma y con ese nombre, por nuestro creer en Ti, por estar a la derecha del Padre, que es nuestra última y más importante razón del pasar por la vida, te llamamos y te llamaremos siempre, Cristo de la Buena Muerte. Y después, esa otra alegría de vivir, ante la presencia de un palio, que más que cubrir, recoge a la Virgen de la Soledad. Largo velo de seda le cubre la cabeza y se deja caer sobre su manto, diciéndonos en esos pliegues: «Ahí van mis alegrías y mis penas, mi dolor de madre y mi protección por vuestras oraciones», ese es el principal motivo por el que su velo de seda destaca tanto. En él, va lo mejor de la elegancia hecha devoción de tantas y tantas generaciones, ¡Como se nota el señorío con el que llevas tu soledad! Qué subir al cielo es verte pasar por delante de nuestros ojos y nuestros sentimientos, qué hermoso nos resulta no llamarte solo por la soledad de tu nombre, cuanto significa ponerte apellido al estilo malagueño y así poder despedirnos de Ti diciéndote: «Bendita seas siempre Soledad de Mena».
Pregón de Pedro Merino Matas (2007)
‹‹...Y por eso nos emociona el testimonio solemne de quienes afrontan tal noviazgo sin miedo y de frente. De quienes, palabra de caballero, le prometieron con poético canto que, llegada la hora suprema, en la cita estarían presentes, a pecho descubierto, porque saben y porque sienten que los lazos de la muerte, con ser tan fuertes, se quiebran y se desvanecen si la foto amorosa de la cartera es la estampa viva y perenne del Cristo de la Buena Muerte. ¡Porque la muerte no es el final del camino! Porque el santo sacrificio de Cristo la derrotó para resucitar las Ánimas, acallar las armas y trocar en paz la guerra. Porque el Amor de Cristo sobre el mástil de su cruz venció, sí, a la muerte y para siempre, convirtiéndonos en novios de la vida y soldados de la fraternidad con la Esperanza por única bandera. Y por eso, perdonadme, mi canto no puede ser marcha guerrera, pues en la pleamar del Jueves Santo, qué quéreis que os diga, prefiere ser Salve Marinera. Porque este pregonero, Señora de la Soledad, marinero quiere ser en tu barco. Y si por mis errores indigno grumete soy para tu tripulación, déjame al menos que en las bodegas de tu dorado galeón me esconda como furtivo polizón. Que yo quiero navegar contigo cuando despliegues el velamen de tu palio y quiero de tu mano bogar mar adentro, diciéndole sí a la vida, por duro que sea el destino, porque la vida sólo a Dios pertenece. Pero si acaso una madrugada surgiera la galerna del olvido y la gruesa marejada del pecado de ti me aparta, no me dejes, Señora, como náufrago en el océano de la nada, y alarga, alárgame tu manto para que encuentre un cabo quien asirme otra vez a la singladura de la vida››.
Pregón de Francisco García Muñoz (2008)
‹‹...En este sentido, haciendo un libre recorrido muy subjetivo por algunas cofradías, para empezar, tenemos, por ejemplo, el valor de la bondad, que es sinónimo de Buena Muerte y Soledad. Bondadosa imagen sacrificada que se yergue en una altiva cruz para mostrarnos su victorioso triunfo sobre la pretendida maldad de la Pasión. Cristo de la Buena Muerte y ¡Salve Señora...! ¡Qué sola estás! Escoltados por fieles guardianes que ven en ellos la protección sobrenatural ante las duras misiones que han de prestar. Procesión marcial y elegante. Desde el Perchel, el Señor nos entrega su inmensa santidad, mientras la Virgen llora con las manos ‘apretaitas’ en su mar de Soledad››.
Pregón de Ana María Flores Guerrero (2009)
‹‹Reclinada la cabeza, coronada de espina año tras año y ante el pasmo del cielo y la tierra, pende yerto de la Cruz, el Cristo de la Buena Muerte.
La Magdalena, sin miedo permanece arrodillada a tus pies, Señor. Enlutados nazarenos y valerosos caballeros legionarios entre banderas, guiones y estandartes te acompañan y al son de tambores y cornetas rezan y cantan, cantan y rezan. Oración que se repite en cada acuartelamiento como yo misma pude comprobar un sábado legionario de un caluroso Septiembre.
Muerte, “¿Donde está, muerte, tu victoria?” Ha sido vencida por Cristo.
Tú que hiciste de la muerte vida. Enséñanos a saber vivir, para saber morir como Tú. Que vives y reinas por los siglos de los siglos, Cristo de la Buena Muerte.
Sobre olas de fe navegas, desplegadas las doradas velas de tu palio, mientras la brisa juguetona se entretiene con tu blanca toca.
Señora de la Soledad, eres timón, jarcias y aparejos de nuestras vidas. Capitana de nuestras almas. Faro y guía de nuestras inquietudes. Puerto y refugio en nuestras adversidades. “Salve, Señora de la Soledad, iris de eterna ventura, fénix de inigualable hermosura. Madre del Divino Amor”. Salve, Señora››.
PREGÓN DEL LXXV ANIVERSARIO DE LA VINCULACIÓN DE LA LEGIÓN-MENA
El 20 de marzo el abogado, presidente del Colegio de Graduados Sociales de Málaga y cofrade de los Gitanos, Agustín del Castillo Cambló, pronunció el pregón oficial de la Semana Santa de Málaga de este año en el teatro Cervantes. En su alocución, citó a Mena así: ‹‹En Santo Domingo, junto al río hay una cola. Niños con sus padres y solos. Malagueños y foráneos de todas las edades. Todos quieren ver la guardia que los caballeros legionarios hacen a su Cristo de la Buena Muerte. Esa fantástica talla de ese magnífico imaginero D. Francisco Palma Burgos, que se nombra como de Mena. …A mi me gusta Señor, los Regulares de blanca capa, caballeros y artilleros, infantes y gurripatos, nacionales y civiles, como con cariño aquí, así, se les da el trato. Cantar con La Legión su himno, con los marineros la Salve, el bolero con los paracas, y ver decirles a todos que en Málaga se les ama…››.