LOS PERCHELES, ENTORNO DE LA CONGREGACIÓN DE MENA.
No es propósito de este comentarista analizar la evolución urbanística y socioeconómica de los viejos percheles, barrio citado por Cervantes como singular y pintoresco. Lejos, igualmente, de mí llegar a analizar los dichos decimonónicos del perchelero histórico, “chulesco y presto de navaja”. Para ambos fines, hay trabajos mucho más versados y autorizados. Mi misión, forzada por la voluntad opresora de mi director es, simplemente, enmarcar nuestra Congregación en el barrio que tradicionalmente la ha acogido. La influencia social y religiosa que en su entorno ha tenido. Y, a la viceversa, cómo ha sido la personalidad de los miembros de esta corporación, en su contacto con su zona de influencia. Y a mi juicio, habría que distinguir dos facetas muy diferentes. No olvidemos que la congregación como hoy la conocemos, no llega al siglo, concretamente, desde 1915. Con anterioridad, y desde el siglo XVI, la cofradía de la Virgen de la Soledad recogía en su seno lo más granado de la malagueña sociedad. Durante años se consideró como la cofradía oficial de Málaga, y era signo de elegancia y devoción, “simulacro de la mayor veneración del pueblo” siguiendo a los cronistas de la época. Desde el S. XVIII y hasta el concilio Vaticano, los Sábado Santo de cada año, eran el centro de la más ortodoxa y elegante asistencia de devotos de chaqué y mantilla, en el acto de la Misa de Privilegio, concedida a petición de la Armada Española por SS. Benedicto XIII. Por el contrario, desde la fundación de la cofradía del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, alrededor de 1850, la conexión con el barrio fue total: cada responso de cualquier perchelero fallecido, antes del último viaje al cementerio, se celebraba en la capilla del Cristo de la Buena Muerte, conocida por el Cristo de Mena, en honor de su autor. Los hermanos de la cofradía, los llamados popularmente “menosos o niños de la Mena”, eran identificados como jóvenes de vida desarreglada, de carácter algo violento, en analogía a los que la fundaron, los habitantes de los barrios del Perchel y la Trinidad, que estaban catalogados como tales en la vieja sociedad malagueña. Pero era, esencialmente, una cofradía perchelera y tremendamente popular. De la fusión de ambas, en 1915, nace la Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, y Nuestra Señora de la Soledad, conocida popularmente por la Congregación de Mena. La devoción popular a nuestros titulares, nunca decayó en el barrio, mientras éste existió. Baste recordar aquellos Vía-Crucis por las calles más populares, para llevar el Cristo cerca de sus gentes, ya que en procesión era imposible por el tamaño de su trono, cómo se engalanaban los balcones, de mantones y colchas, a veces – muchas– ajadas y recosidas, pero todos junto a su Cristo perchelero. Pero llegó reforma urbanística, y el barrio, viviendas y vecinos, desaparecieron. Las primeras a causa de la piqueta, y los segundos, por ello, tuvieron que emigrar a otras demarcaciones. Lo que a continuación se construyó, en el famoso PERI PERCHEL NORTE, no tiene nada que ver con el carácter, idiosincrasia y estilo de los viejos percheles. Población de absorción, pocos han podido retornar a su barrio. Ahora, son “otras personas”, dignísimas y con derecho a la vivienda de que disfrutan, sin dudar, pero… es otra cosa. Pero el Cristo de la Buena Muerte, y su madre, la Virgen de la Soledad, la “veterana” de Santo Domingo, siguen en su barrio, seguros que sus nuevos vecinos aprenderán a conocerlos y serán, más pronto que tarde, de nuevo la gran familia del Perchel, ahora Perchel Norte, alrededor de los titulares más cercanos y queridos por todos, como lo fueron de sus abuelos en la historia. Ramón Gómez RavassaConsejero
|